De la Alhambra, a la Torre del Oro

Daniel Cuéllar / GRANADA

Corría el año 2003, cuando el TRD (Tren Regional Directo) “Sierra de Alhama”, compuesto por dos vagones de segunda clase, parte de Granada en la tarde soleada del domingo 12 de diciembre. En él viajan 156 pasajeros, que irán fluyendo a lo largo del trayecto, hasta llegar a Sevilla, su destino final.

El jefe de estación da la señal de salida y el tren comienza su viaje, alejándose lentamente del andén de la estación. Durante la primera media hora es posible contemplar el abrupto paisaje que muestra la cordillera Penibética, cubierta de nieve en sus cumbres más elevadas.

Mercedes Arias López viaja en este tren rumbo a Sevilla. Ella es la propietaria del complejo rural “Las Alpujarras”. El motivo de su desplazamiento es una reunión que tendrá lugar al día siguiente en la Isla de la Cartuja. Durante el trayecto nos cuenta: “Cada vez que viajo a Sevilla cojo este “regional” porque me devuelve los recuerdos de la infancia, en los que mi madre me llevaba con ella a visitar a mi tía, que vivía en Antequera. Todavía, cuando me monto en este tren pienso en aquellas 5 interminables horas que tardábamos en llegar”.

Hoy en día, el viaje hasta Sevilla se consigue en 3 horas, gracias a la mejora del trazado. Las últimas obras de remodelación de la vía se encuentran en el tramo comprendido entre Pinos Puente y Loja, dos de los pueblos de la provincia, que cuentan con un atractivo turístico, apoyado por la cercanía de famosos balnearios.

El paisaje de esta zona está compuesto por pequeñas lomas que presentan unos suaves contornos redondeados, típicos de un característico escenario serrano andaluz. Los pueblos, situados en las laderas y junto a pequeños arroyos que emanan de la sierra, muestran que su fuente de ingresos primordial es la agricultura, fundamentalmente el olivo.

Tras más de una hora de camino el tren se adentra en Antequera, pueblo montañoso de la provincia de Málaga, donde se encuentra el Torcal y la Necrópolis, ambos con un gran interés patrimonial. En su estación, un nuevo viajero toma el tren. Se trata del oriundo Francisco Olmedo García, presidente de la Cooperativa aceitera “Torcal de Antequera”, que nos cuenta: “Mi pueblo era fundamentalmente agrícola, como todos los de la comarca, pero con la apertura de la central de distribución de Mercadona, que creó numerosos puestos de trabajo, ha conseguido desarrollar un sector industrial, que unido al turístico ya existente, han hecho del pueblo una potencia de primer orden”.

El paisaje va cambiando lentamente, conforme vamos alejándonos de las montañas al pasar por Pedrera, y adentrarnos en la campiña sevillana. En Osuna se apea Encarnación López Vilar, palentina, que fue profesora de la Universidad de Valladolid, quien nos relata el motivo por el cual vive ahora aquí: “Yo he estado viviendo durante 40 años en un pueblo llamado Medina de Rioseco, a unos treinta kilómetros de Valladolid, y mi sueño era volver a mi pueblo natal una vez me hubiese jubilado, pero los médicos me recomendaron el clima mediterráneo para mi enfermedad, y en un viaje por Andalucía, que hice con una amiga, descubrí este pueblo que guarda un parecido sorprendente con el mío, por lo que siento que mi sueño se ha cumplido”.

El tren se aproxima a Utrera, donde aún no existe estación para este trazado, pero es probable que ésta se construya pronto, debido al auge demográfico que está presentando la localidad. En pocos minutos, el “regional” se despide de los bellos paisajes rurales, para adentrarse en Dos Hermanas y a continuación, en la capital hispalense, donde las suaves lomas son sustituidas por grandes edificios y oscuros túneles, hasta llegar a la estación de Santa Justa, donde los viajeros dejarán el tren solitario en su último trayecto hasta las cocheras.

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